¿Alguna vez has detectado que alguien de tu entorno ha intentado que tires por la borda todo aquello en lo que crees y que te construye para que no pases de su altura? Este hecho o actitud externa se podría traducir en niveles de conciencia: cuanto mayor nivel de conciencia tiene una persona con respecto a otra, más “agresiones” recibe para equilibrar los niveles.

Pues bien, un comportamiento muy común en estos casos y que emplea en exceso la gente frustrada (personas que no quieren aceptar y afrontar sus cambios), es lo que podemos denominar Chantaje Emocional. Sucede generalmente entre dos personas y en multitud de ámbitos de nuestro entorno: trabajo, pareja, amistades, familia…, y caemos en él más de lo que pensamos o creemos.

¿Cómo lo descubrimos? Lo más ágil es con conciencia, es decir, el conocimiento más sincero y constructivo que tenemos de nosotros mismos y de lo que nos rodea. Normalmente, por falta de información no tenemos el suficiente nivel de conciencia para detectarlo, por lo que resulta inevitable caer en sus “garras”. Una vez inmersos en el chantaje emocional, se puede salir a la superficie si reconocemos los hechos y los sentimientos: como nos sentimos con respecto a lo que está sucediendo.

Es evidente que estamos siendo chantajeados emocionalmente si nos sentimos mal, angustiados, intranquilos… por considerar injusto o amoral lo que alguien nos está “pidiendo” que modifiquemos en nuestra actitud. Si la otra persona considerase correcta tu postura…. ¿te estaría chantajeando? Creo que sabes la respuesta….

¿Y por qué se da esta situación? Porque el “agresor o agresora” no tiene razón,  sigue la vía corta mediante la pataleta o el llanto porque no quiere aceptar que tiene que enfrentarse a sus cambios de una manera consciente.

Una vez descubiertas las cartas de quien te “agrede”  es un buen momento para reaccionar y prepararse para el vendaval, puesto que al darnos cuenta de esta situación, nuestra forma lúcida de actuar y expresarnos seguramente no gustará.

¿Qué actitud podemos tomar? Mantenernos firmes y emplear un trato amable y empático puede funcionar. Debemos ser sinceros con nosotros mismos y hablarle a la otra persona desde el afecto real que le tenemos. A partir de este punto, debemos reconocer también lo que  siente por nosotros y en función de esto ubicarla en el verdadero lugar afectivo y de confianza que le corresponde.

Esta disposición, nos colocará en una postura estable y al mismo tiempo versátil, capaz de mantener un diálogo lo suficientemente constructivo como para conseguir una relación fluida y sincera.

Detéctalo, prueba mi propuesta y me cuentas… y recuerda que si añades un poco de HUMOR podrás verlo como un chantajejejejejejeje…

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